Historia de origen

“En un mundo que se destruye; una juventud que construye”

Bajo este lema, Ana María (Anita) Bonilla, de Ambato (Ecuador), trabaja desde 1980 para mejorar las oportunidades educativas de los niños de familias económicamente desfavorecidas, contra el trabajo infantil y contra la opresión de los indígenas. Tenía 16 años cuando empezó a trabajar como voluntaria en el MECIT. Dos años después, es la primera mujer elegida presidenta del movimiento. Esto la anima a trabajar para reducir las desigualdades en la sociedad ecuatoriana.

El primer contacto con El Salado

Los fundadores de nuestra asociación, Ingrid Kern, Cornelia Brandenstein-Nuding, Hans Stapperfenne y Gerhard Kuntz, conocieron a Anita Bonilla, ahora trabajadora social, y el trabajo de MECIT en 1992 durante algunas visitas a Ecuador con "pan para el Mundo". También conocieron a César Tixilema, que de joven también estaba activamente comprometido con los objetivos del movimiento juvenil y participaba en la política local. Su compromiso político se centra en su lugar de nacimiento, El Salado, y en el municipio de Llangahua, al que pertenece el pueblo.

La idea de fundar una asociación

En 1993, Anita y César visitaron a sus amigos en Alemania. De la hospitalidad surge una amistad duradera que pronto desemboca en ideas conjuntas para la creación de instituciones educativas en las zonas rurales. Gerhard, Hans, Ingrid y Cornelia se contagian del ambicioso compromiso del movimiento juvenil indígena MECIT, que lucha por sus derechos y que quiere formar un futuro autodeterminado.

Poco a poco, crece la idea de fundar una asociación. Esta asociación apoya el compromiso de Anita y César en El Salado mediante el intercambio con jóvenes de Alemania.

En agosto de 2004, Gerhard Kuntz, Hans Stapperfenne, Ingrid Kern y Cornelia Brandenstein-Nuding fundaron la asociación con sede en Alemania. Poco después, Dorothea Eichel se convirtió en miembro de la junta directiva y apoyó la labor de la asociación gestionando las finanzas. El pueblo de El Salado y la comunidad de Llangahua, en la provincia de Tungurahua (Ecuador), se convirtieron en el centro del compromiso de stupor mundi e.V. Allí, la asociación sigue contando con el apoyo de Anita Bonilla y César Tixilema.

Se construye la "hospedería"

En 2005, la cooperación alemana-ecuatoriana se sella con la construcción de la "hospedería" en el pueblo de El Salado. Se trata de una casa de invitados con tres dormitorios, una gran cocina-salón, baños y una amplia zona de entrada. La casa fue construida por la comunidad del pueblo según los planos de un arquitecto mexicano y ofrece a los voluntarios un hogar acogedor durante su estancia en El Salado, Llangahua.

Gracias a las prolongadas y repetidas estancias de todos los miembros de la junta directiva en El Salado y Ambato, han surgido estrechas relaciones y amistades con la población local, con la que mantenemos un contacto regular.